martes, 23 de septiembre de 2008

De repente





No necesitó nunca un barco, sólo la brisa rozando de frente su cara. Ni un azul intenso, sólo un poco de mar para envolverse. Ni un sonido orquestal de fuegos artificiales (tal vez los que ahora hayas visto en tu cielo), sólo el leve y fraccionado eco de su aliento. Ni un abrazo eterno, sólo su caricia en la espalda. Ni las mejores promesas, sólo su mirada presente. Ni el lazo de sus piernas junto a otras, sólo el vello erizado de la cercanía.

Jamás necesitó su adiós, ni lo quiso, ni lo deseó, ni lo ansió, ni lo buscó.

Jamás.

Y, sin embargo, la brisa y el mar y el eco y la caricia desaparecieron de repente. Tan de repente que a Milena le costó demasiado tiempo reconocerse nuevamente.


Entre tantos cristales.



5 comentarios:

Elisa dijo...

En realidad, necesitaríamos tan poco si consiguiesemos abrir los ojos y atravesar esas ventanas... Hermoso texto.

Un abrazo!

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Ufff, Mª Jesús. ¡Cuánto has dicho en este microrrelato! Toda una vida a pasado por delante de mis ojos. Una vida derrumbada de golpe y porrazo.
Me ha encantado leerlo.
Besicos guapa

Anónimo dijo...

Mercé dice, Que hermoso relato un poco amargo, necesitamos tan poco y ni eso abeces tenemos, asi que la felicidad la tenemos que llevar dentro cada uno de nosotros, porque los demas te pueden dar un poco de alegría, pero la verdadera felicidad reside dentro de ti. Pero somos seres humanos y necesitamos de los besos, las caricias y saberte amada....

Besos mua mua mua

Malena dijo...

Ese sentimiento de desaparecer en un instante de la vida, no saber quién eres, ni donde estás y no poder reaccionar, tiene que ser algo horroroso.

Y sin embargo pasa. Pasa cuando un adios aparece en tu vida y lo único que te queda es la sensación de caminar descalza sobre cristales rotos.

Precioso y triste escrito, Mª Jesús.

Codorníu dijo...

Es triste. Pero en la vida hay un lado así. Lo has sabido meter en el lienzo "entre tantos cristales". Mucho mérito tiene.

Otro beso.