domingo, 20 de septiembre de 2009

Las gafas de sol


(El grito. Edvard Munch)


Es una muchachita abierta, locuaz, participativa, alegre. Su madre suele ir últimamente con gafas de sol, a pesar de ser final de septiembre y oscurecer antes.
Hace poco murió su padre, el marido, un joven de poco más de treinta años, víctima de un accidente cuando iba a trabajar.


Como otros tantos, saldrán de ésta.

Como otros tantos, como yo.



(Carta de Milena)

7 comentarios:

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Si chiquita, más de una vez las gafas de sol ocultan nuestro dolor, pero como bien dices, salimos adelante ¡a Dios gracias, a nuestra fuerza y a la fuerza de la esperanza!, peroes verdad, ¡cuantas cosas ocultan unas gafas de sol!
Besicos muchos preciosa.

Fernando dijo...

Una dolorosa salida. Salir adelante, a veces, duele; pero es nuestro impulso.
Salir adelante.
Escribir así también lo es.

FLACA dijo...

Estás escribiendo tan breve, que a veces me cuesta seguirte. Y encontrarte, amiga. Pero, como siempre, esto se trata de buena literatura y la elipsis deja abiertas unas cuantas posibilidades de interpretación.

La pintura estremece de horror y dolor.Tal vez para esconder eso sirvan las gafas.
"Todo pasa y todo queda/pero lo nuestro es pasar".

Un abrazo grande, amiga. Espero que hayan estado lindas tus vacaciones.

mia dijo...

Como todos verdad???, con cicatrices más o menos marcadas, pero adelante, por que no hay más remedio, y cualquier otra cosa, nunca sería una solución.

butthetruth dijo...

Hoy llevo mis gafas puestas...

Mercedes Cardona dijo...

MIS PENSAMIENTOS, MERCE CARDONA.

Dice, Si, pasan cosas, pero si pensamos un poco podemos sacar alguna lección....

Se me estropeó el ordenador, casi un mes sin el.

He estado a Tossa de Mar, fue un regalo caido del cielo, estas cosas que me pasan a mí, lo pase pipa, pero no me pude bañar, las dichosas barreas, pero cerre los ojos, disfrute de mi baño y fuí feliz.

Gracias por pasar por mi casa. Besosoooooooooooooo

Carlos dijo...

La vida es un viaje muy breve, un regalo.
La muerte ennegrece el horizonte y deja un sabor muy amargo, es nuestra eterna compañera de viaje. Silenciosa, siempre en acecho, nos vigila...y cuando menos la esperamos nos arranca de nuestras certezas terrenas.
Pero, cuando ese duelo sangrante acabe, cuando venga la resignación a tu ser, te darás cuenta del caudal de ternura que guardas para su recuerdo. Hasta entonces, el dolor será grandioso, como si nada ni nadie pudiera calmarlo.
Pasará esa desesperación, y entonces volverás a sonreir a la vida, que por algo te ha dejado "aquí", sin su compañía.
Es el bagaje que tenemos que pagar por el sólo hecho de nacer.

Besos