jueves, 13 de noviembre de 2008

De un velero y una luz


El balandrito. Joaquín Sorolla




De un velero y una luz

Como una niña curiosa me adentro
en tu alma

para comprenderte y alcanzarte,
y, aunque calles, escucho tu silencio
porque sé que es el único sonido
que deseo.


Y me despojo de cuanto (qué poco) tengo y soy
para subir a
un velero blanco y limpio

donde la luz se desparrama y el agua me penetra,
porque sé que es el único lugar donde
quiero permanecer.


Guiándome tú por los recovecos de este camino
en que nos encontramos, hambrientos
de palabras

que hablan de lunas y mares y cielos y nubes,
porque sé que es cuanto necesito.



Pero si alguna vez tú quieres buscar otros sonidos
y otros barquitos y otras palabras,
dímelo despacio,

que mi agua es tan frágil y mis versos
tan pequeños
que quizás se rompieran de repente.

Dímelo un amanecer, cuando me haya girado
para mirarte y

(ahora sí) mi alma esté cubierta de

la luz

que tú me has dado.



(María Jesús Lamora. Hace tanto tiempo)

12 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Bello poema que da vida.. me dibuje el rostro de mi alma en el..

saludos abrazos inmensos.. solidarios como siempre

amor dijo...

démosnos luz aunque sea en palabras

un beso

Noray dijo...

Afortunado
quien te cubra de la luz
para la poesía.

Un abrazo... sólo en claroscuro

LA CASA ENCENDIDA dijo...

¡Qué bonito velero, Mª Jesús!!, que más da el tiempo, lo principal son los sentimientos. Lo que se ha vivido, forma parte de nosotros mismos y es lo que somos.
Besicos guapa.

Anónimo dijo...

Mercé dice, bello poema lleno de sensibilidad, me encanta leerte, cada día miro tu casa y nada de nada, por fin hoy te has lucido con tu poesia, me ha gustado mucho...

besos mua mua mua

Elisa dijo...

Uff poeta, le viene al pelo la pintura de Sorolla a tu poema. Transmites la luz, brilla la pantalla, consigues un imagen pura en la ventana de la memoria.

Un abrazo!

La sonrisa de Hiperión dijo...

"Pero si alguna vez tú quieres buscar otros sonidos
y otros barquitos y otras palabras,
dímelo despacio,"

Pero al fin y al cabo que lo digan... Me ha encantado.
Saludos!

Codorníu dijo...

Precioso. Te mereces un brindis y un Hemingway que te mire con los prismáticos desde el siete.

Un beso de 360 grados.
Codorníu

Eo dijo...

Maravilloso poema. Tus palabras son luz para nuestros ojos.
Saluditos.

FLACA dijo...

Admiro mucho esa sensibilidad tuya para decir lo más profundo e infinito con tan pocas palabras y tan simples.

Bello el poema todo. El final muestra a alguien que sabe atesorar
todo lo bueno de la vida.

Un abrazo enooooooooooooorme.

Anónimo dijo...

El primero es Gonzalo de Berceo llamado,
Gonzalo de Berceo, poeta y peregrino,
que yendo en romería acaeció en un prado,
y a quien los sabios pintan copiando un pergamino.

Trovó a Santo Domingo, trovó a Santa María,
y a San Millán, y a San Lorenzo y Santa Oria,
y dijo: Mi dictado non es de juglaría;
escrito lo tenemos; es verdadera historia.

Su verso es dulce y grave: monótonas hileras
de chopos invernales en donde nada brilla;
renglones como surcos en pardas sementeras,
y lejos, las montañas azules de Castilla.

El nos cuenta el repaire del romeo cansado;
leyendo en santorales y libros de oración,
copiando historias viejas, nos dice su dictado,
mientras le sale afuera la luz del corazón.

Antonio Machado. Mis poetas.

No resulta nada fácil superar al modelo, a los maestros. Sólo los genios pueden acercárseles o superarlos. Tal es el caso de Machado, mentor de mentores y manantial de fuentes de cuantas osamos rimar versos o, simplemente, verter sentimientos y sensibilidades sobre el papel. El reverendo y venerable Jorge, en el buque-insignia de don Umberto, apostilla las palabras de Aristóteles con la idea de que la Historia no es más que una sucesión y adición de sincronías, es decir, una eterna y diacrónica recapitulación. Evidentemente el mérito no radica en la originalidad, sino en la reorganización virtuosa de lo ya conocido.
En tu caso es un puro deleite ir descubriendo las aristas de los témpanos que subyacen en las simas de tus poemas, a cuál más sorprendente.
En este luminoso y sinestésico poema viertes los sonidos del silencio de Simon y Garfunkel; el despojarse de lo innecesario de Juan Ramón; el velero blanco y limpio de Alberti; la luz, camino y guía de San Juan; las lunas y mares y cielos y nubes de Federico; la necesidad de la poesía Urgente de Gabriel Celaya; la fragilidad y diminutivos de Gloria Fuertes y, como colofón, la canción de albada con regusto a jarcha del clímax final.
Una gozada, un placer, un puro deleite. Gracias.

Fernando dijo...

Qué fortuna y qué placer ser mar para ese velero.
Hermosísimo.
Un abrazo.